Porque el deposito tiene mucho espacio se instaló la colchonera frente a mi oblicua ventana. Es un galpón de material preconstruido y cimentado sobre los restos de la antigua AFIA, implotada durante la década olvidada. Los varios sucecivos dueños y exdueños del inmenso refugio son y lo serán individuos politicamente idóneos.
Martes, Viernes y Sábados llegaban los muchachos colgados del vehículo escoltando pesados colchones, cuales luego de ser acumulados eran vendidos, enmoñados, al gentío.
El año daba y las cómodas bolsas llenas de pluma desaparecían, como el viento, de los muestrarios y vidrieras.
El conductor, gesto en mi llamativo, se mantenía en la puerta del vehículo, vestía el negro y descansaba la punta de su bota sobre el único estribo aluminiado. Tras intensa descarga desaparecían, vacíos, sobre el cemento.
Una semana obtuve el siguiente dato: Bajaban 55 colchones y 75 almohadas los Viernes y Sábados, los Martes solo 15 colchones y 30 almohadas; entendible, el semanario se adjunta Jueves o Miércoles.
Un Martes llovió y se les mojó todo y el conductor miraba el suelo o el agua o veía mis ojos en algún reflejo. En su palma el índice se enfriaba.
Luego del Desmoronamiento la gente Gramón ha conseguido el beneficio de cultivar su germen. Ellos se producen y se compran ahora. Si la condición de prófugo en libertad me obligara a no gozar del enanismo dominante entre los Armados, expandiría mis motivos, resaltando ese corte en la cola del lagarto.
Crujieron los rincones que no encajan en la bolsa de este cuerpo cuando frenando la luz me expuse bajo el Sol de la mañana. Una lluvia que arrastró medias desprevenidas y tierra ahora en mi humedece las plantas. La primera vez que miró hacia mi ventana y me vio lo vi y giré el cuello como doblando una barra de estaño. También la humedad llego a las palmas y la rodilla perdió algo de fuerza diestra. Con las manos rozé la punta de mis pies y manteniendo la cabeza entre las piernas sugerí un vistazo, él lo sabía, al segundo se torció ubicando el ala de su boina en dirección opuesta a los vidrios que sus ojos intentaban partir, enrojeciendo la mano ajustada a su cintura, dejando temblar una boca desencajada. Yo miré hacia la nada y desaparecí.
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13 de diciembre de 2008
11 de septiembre de 2008
Cañaveral
Junto a Manuel, Fenicio y Alcazar solía pasar tardes enteras proyectando ocurrencias en el terreno baldío de Garzuaga y Moreno, la esquina roja le llamaba el lechero, rostizado por el Sol del verano seco. En el pueblo no eran tantas las esquinas rojas. No eran tantos los amigos ni los parientes. La zona sur, elevada unos metros siempre adquiere a fines de verano un color mas intenso y apagado. Las oscuras veredas y la grava negra en las calles desenvuelven un ambiente por sobre todo caluroso hasta altas horas, los insectos prefieren el sur. Y nosotros eramos el sur.
El baldío tapialado nos ocultaba de las miradas impetuosas que nos perturbarian cuando hacíamos pequeños fuegos donde prendíamos cigarrillos robados, el baldío nos aislaba. Hay, todavía, un cañaveral medio destrozado. Madera, arma, escondite, un ser, el cañaveral. El paredón daba hacia el norte, fue ahí donde decidimos instalar los tres palos.
Llegamos y saqué la pelota de la mochila. Estaba todo tan asquerosamente embarrado con tierra podrida que nos escupimos con Fenicio. Mi mochila hedía tanto como yo, se que ese olor ya es parte de mi conciencia, si lo volviera a encontrar indudablemente retrotraería mis pensamientos hacia una penosa infancia temprana. Alcazar tomó la pelota de mis manos y empezó a patearla dando carcajadas, la levantaba y la cabeceaba y se le caían las lágrimas. La pateó hacia donde Manuel intentaba acomodar la bicicleta nueva que se le desinfló en el camino. Salió por la pequeña puerta entrando a la calle, y él salió tras ella. Los ruidos, unos sobre los otros, de las cuatro ruedas derrapando sobre las piedritas negras fue el motor que impulsó su cuello al levantar la cabeza. Ráfagas de balas fue lo que siguió, un comandante del grupo Intres estaba en la zona y los Reinas lo identificaron, no podían quedar testigos, debíamos estar aislados.
El baldío tapialado nos ocultaba de las miradas impetuosas que nos perturbarian cuando hacíamos pequeños fuegos donde prendíamos cigarrillos robados, el baldío nos aislaba. Hay, todavía, un cañaveral medio destrozado. Madera, arma, escondite, un ser, el cañaveral. El paredón daba hacia el norte, fue ahí donde decidimos instalar los tres palos.
Llegamos y saqué la pelota de la mochila. Estaba todo tan asquerosamente embarrado con tierra podrida que nos escupimos con Fenicio. Mi mochila hedía tanto como yo, se que ese olor ya es parte de mi conciencia, si lo volviera a encontrar indudablemente retrotraería mis pensamientos hacia una penosa infancia temprana. Alcazar tomó la pelota de mis manos y empezó a patearla dando carcajadas, la levantaba y la cabeceaba y se le caían las lágrimas. La pateó hacia donde Manuel intentaba acomodar la bicicleta nueva que se le desinfló en el camino. Salió por la pequeña puerta entrando a la calle, y él salió tras ella. Los ruidos, unos sobre los otros, de las cuatro ruedas derrapando sobre las piedritas negras fue el motor que impulsó su cuello al levantar la cabeza. Ráfagas de balas fue lo que siguió, un comandante del grupo Intres estaba en la zona y los Reinas lo identificaron, no podían quedar testigos, debíamos estar aislados.
2 de julio de 2008
30 del seis del 8enta.
He optado dejar constancia sobre mi acción y condición mediante la presente nota.
Represento un individuo que se ubica dentro de ese estrato, claramente marcado en las ciudades capitáles, caracterizado por ser hombres entre 40 y 50 años, separado y con hijos en posesión de su mujer, con todas las razones de los mundos, soldado durante un año, carente de un conocimiento profundo en nada y en todo a la vez muy poco (defecto clave en mi supervivencia cambiante). Hoy en día el trabajo es ser taxista. Realmente no es el mejor laburo, ni mucho menos, pero la calle esta tranquila, los milicos lo acaparan a lo largo y a lo ancho. No se gana una mierda pero sos libre de hacer lo que a tus rulos se les ocurra. Ayer por la tarde, debo reconocer que recién ayer lo hice, leí la calcomanía que tenia el coche pegada en el parabrisas, cerca de la sombra del polarizado en degradé. El puto y tu hermana... decía, le habían arrancado el resto, termine con la tarea de sabotear la misión del pegador y con una tijera recorté la palabra puto, se la pegué a Santiago en la espalda. Esto lo tenia que decir, no creo que se halla dado cuenta todavía, tal vez lo entierren con esa campera y esa calcomanía algún día. Trabajo a la tarde-noche. Me gusta el atardecer y sus colores pastel en invierno. Disfruto soberbiamente de la sensacion causada por el oscurecimiento en la parte que me localiza en el globo terrestre. Lo mismo había sentido cuando mis hijos derramaban sueño y entraban en trance hacia la que algunos consideran "la verdadera realidad". Esto solo lo saben algunos de mis camaradas, llevo un arma a cuestas. Es una costumbre que decidí adoptar luego de ser asaltado por un nene de 13 años con un cuchillo ensangrentado. Señores, disculpen, yo le vuelo la cabeza con mi 38 largo. La teoría fue llevada a la práctica hoy por la tarde, la reacción se hizo acción, sucedió. Me bajé del auto lo mas rápido posible lo cargué y lo deposité en el baúl. Claro, antes de levantarlo le embolsé la cabeza para no manchar el tapizado que hoy había estado durante media hora desempolvando. Testigos hubo dos o tres, no son de mi preocupación, la ciudad es grande y yo este oficio no lo desempeño más. Mis manos, mis guantes, desaparecerán del paño. Durante hora y media fueron azotados los músculos de mis hombros y los de mis brazos. Cavar no fue la materia en la cual mejor me fue en la secundaria. El lote de girasol, con sus flores confundidas, parecía copiosamente grande y el pozo holgadamente hondo. Sepultada la prueba sepultado el asunto me dije. Luego, algunos años después mediante esta nota confeccioné este maravilloso cuadro.
Represento un individuo que se ubica dentro de ese estrato, claramente marcado en las ciudades capitáles, caracterizado por ser hombres entre 40 y 50 años, separado y con hijos en posesión de su mujer, con todas las razones de los mundos, soldado durante un año, carente de un conocimiento profundo en nada y en todo a la vez muy poco (defecto clave en mi supervivencia cambiante). Hoy en día el trabajo es ser taxista. Realmente no es el mejor laburo, ni mucho menos, pero la calle esta tranquila, los milicos lo acaparan a lo largo y a lo ancho. No se gana una mierda pero sos libre de hacer lo que a tus rulos se les ocurra. Ayer por la tarde, debo reconocer que recién ayer lo hice, leí la calcomanía que tenia el coche pegada en el parabrisas, cerca de la sombra del polarizado en degradé. El puto y tu hermana... decía, le habían arrancado el resto, termine con la tarea de sabotear la misión del pegador y con una tijera recorté la palabra puto, se la pegué a Santiago en la espalda. Esto lo tenia que decir, no creo que se halla dado cuenta todavía, tal vez lo entierren con esa campera y esa calcomanía algún día. Trabajo a la tarde-noche. Me gusta el atardecer y sus colores pastel en invierno. Disfruto soberbiamente de la sensacion causada por el oscurecimiento en la parte que me localiza en el globo terrestre. Lo mismo había sentido cuando mis hijos derramaban sueño y entraban en trance hacia la que algunos consideran "la verdadera realidad". Esto solo lo saben algunos de mis camaradas, llevo un arma a cuestas. Es una costumbre que decidí adoptar luego de ser asaltado por un nene de 13 años con un cuchillo ensangrentado. Señores, disculpen, yo le vuelo la cabeza con mi 38 largo. La teoría fue llevada a la práctica hoy por la tarde, la reacción se hizo acción, sucedió. Me bajé del auto lo mas rápido posible lo cargué y lo deposité en el baúl. Claro, antes de levantarlo le embolsé la cabeza para no manchar el tapizado que hoy había estado durante media hora desempolvando. Testigos hubo dos o tres, no son de mi preocupación, la ciudad es grande y yo este oficio no lo desempeño más. Mis manos, mis guantes, desaparecerán del paño. Durante hora y media fueron azotados los músculos de mis hombros y los de mis brazos. Cavar no fue la materia en la cual mejor me fue en la secundaria. El lote de girasol, con sus flores confundidas, parecía copiosamente grande y el pozo holgadamente hondo. Sepultada la prueba sepultado el asunto me dije. Luego, algunos años después mediante esta nota confeccioné este maravilloso cuadro.
30 de junio de 2008
Daniel
-Traigan a esos dos que están ahí. Mirales las caras, miralas, estos van adentro, no salen por veinte años. Y si salen seguro lo hacen con bichitos en la sangre. Y como todos sabemos esta es una mochila de bruta carga. Si hablan les rompes los dientes, ¿eh? ¿que decís? no te escuche pelotudo, si me hablás modulás como se debe. Idiota.
- ¿Los esposo o los subo así nomas?
- Subilos, dale dale, así nomas. Y pegales unas pataditas cuando lleguen a la comisaría, si quedan muy marcados excusamos que se resistieron. Gomez, pida cafe para la cuadrilla en hotel de la esquina. Gutierrez, correme el falcon que salgo.
Su jornada laboral se había dado por concluida en el momento que encendió su auto. Mar del Plata se inundaba en luz, un color violeta tenue lamiendo la ciudad y su lengua de agua con sal. De pasada frenó en el kiosco a comprar cigarrillos, los dos diarios y una caja gris de preservativos. Muy bajito en su stereo sonaba un tema demasiado incongruente con la maderación y el temple que demostraba la imagen de su persona y, por lo tanto, la referente a la institucion. Le sonó el móvil dos o tres veces, no quiso atender. Estacionó en su casa y se bajó del auto mirando hacia ambas manos de la calle. Tiró el cigarro justo cuando el timbre del teléfono comenzó a chillar nuevamente. Durante la charla en ningún momento osó levantar la mirada. Su bigote negro con chiflidos blancos acaparaba la atenta atención de sus ojos y de la mano libre acicaladora. Regresó al coche, y al pasar cerca de la trompa le dio un puñetazo al capot mientras, otra vez, miraba hacia ambas manos.
Los Organizados del pueblo estaban en sus posiciones. Mediante un complejo electrónico pusieron en rojo el semáforo. Tres hombres armados con ametralladoras salieron de esos lugares llamados la Nada y el funeral fue al día siguiente, con trompetas y distinciones.
- ¿Los esposo o los subo así nomas?
- Subilos, dale dale, así nomas. Y pegales unas pataditas cuando lleguen a la comisaría, si quedan muy marcados excusamos que se resistieron. Gomez, pida cafe para la cuadrilla en hotel de la esquina. Gutierrez, correme el falcon que salgo.
Su jornada laboral se había dado por concluida en el momento que encendió su auto. Mar del Plata se inundaba en luz, un color violeta tenue lamiendo la ciudad y su lengua de agua con sal. De pasada frenó en el kiosco a comprar cigarrillos, los dos diarios y una caja gris de preservativos. Muy bajito en su stereo sonaba un tema demasiado incongruente con la maderación y el temple que demostraba la imagen de su persona y, por lo tanto, la referente a la institucion. Le sonó el móvil dos o tres veces, no quiso atender. Estacionó en su casa y se bajó del auto mirando hacia ambas manos de la calle. Tiró el cigarro justo cuando el timbre del teléfono comenzó a chillar nuevamente. Durante la charla en ningún momento osó levantar la mirada. Su bigote negro con chiflidos blancos acaparaba la atenta atención de sus ojos y de la mano libre acicaladora. Regresó al coche, y al pasar cerca de la trompa le dio un puñetazo al capot mientras, otra vez, miraba hacia ambas manos.
Los Organizados del pueblo estaban en sus posiciones. Mediante un complejo electrónico pusieron en rojo el semáforo. Tres hombres armados con ametralladoras salieron de esos lugares llamados la Nada y el funeral fue al día siguiente, con trompetas y distinciones.
28 de junio de 2008
24 de noviembre de 2007
Hoguera dulce hoguera.
Entró a la iglesia solo. Era un sábado que rondaba el mediodía. Se tomó el atrevimiento de sacarse los zapatos aunque en el lugar había tanta gente como demasiada. Venía de caminar las cinco cuadras que separan al templo de su casa. Solo cinco cuadras, pero a las 2 de la tarde, un 8 de enero parecían ser cincuenta. El Sol se encargaba, al mismo tiempo que hacia sudar sus pies, de marchitar todas y cada una de las hojas verdes que a su vista apareciesen.
Dejado atrás un infierno tomó contacto con el otro. Dentro del gigantesco edificio sagrado la temperatura era solo uno o dos grados menos que afuera, y al no correr, practicamente, nada de aire me atrevo a decir que entre la iglesia y un sauna el se hubiese decidido seguramente por la segunda opción.
Se ubicó cerca de la inmensa puerta que resguarda desde hace añares la paz divina de la religión pura. Aquí cada tanto una ráfaga del aire que baja por el hueco del campanario le da un sutil respiro a los pulmones de los que logramos interceptarla.
El cura les hablaba a sus discípulos, les contaba toda la verdad, les hacia entender lo hermoso de la religión y todo eso que dicen los curas. Hubiese sido una misa normal de verano si no fuese por el estruendo que se produjo cuando un corpulento hombre que parado junto a su esposa se desvaneció sobre el banco que estaba delante de el. El ruido fue a maderas que se partían y a huesos que partían maderas y a un hombro que se partía contra el suelo y, como pensabas, a un suelo que partía un hombro.
El escandalo fue general. "No se amontonen, abran paso al medico" con el micrófono el cura organizaba la atención al sujeto. "Ustedes señores, muevan sus narices de la puerta así entra aire, no se amontonen les dije!!!!" vociferaba el cura perdiendo de a poco la paciencia que dios le inculcaba desde niño. Al llegar la ambulancia el señor ya estaba incorporado, sentado sobre el banco que trozó en su caída. Sobre sus propios pasos dejo la iglesia y sin aceptar la ayuda ni de los médicos ni de su esposa se subió al móvil que lo depositaria en el hospital.
"Ya está, los médicos se encargarán de que Don Gustavo se ponga nuevamente bien. Ahora ¿pueden callarse y así continuamos con la misa y rezamos un Ave María por la salud de Don Gustavo?" con un tono algo arrogante estableció la tranquilidad el cura y la misa continuó su curso divino.
No media hora, no veinte, ni siquiera diez, cinco minutos después un grito femenino inundó los oídos de todos los presentes, de aquí deduzco que también inundó los oídos de dios, ya que esta presente en todos lados y mas que nada en su hoguera dulce hoguera. "Mi marido falleció!, mi marido se murió!, se murió!" gritaba Rita Carrita. Sentado, con los ojos abiertos mirando la oscuridad de la muerte, tomando de la mano a Rita, Segundo Third había dejado de vivir.
No quiso mirarlo, ni escuchar mas nada, ni pisar nunca mas una iglesia. Afuera, mientras desertaba, las cinco cuadras le parecieron dos pasos.
Dejado atrás un infierno tomó contacto con el otro. Dentro del gigantesco edificio sagrado la temperatura era solo uno o dos grados menos que afuera, y al no correr, practicamente, nada de aire me atrevo a decir que entre la iglesia y un sauna el se hubiese decidido seguramente por la segunda opción.
Se ubicó cerca de la inmensa puerta que resguarda desde hace añares la paz divina de la religión pura. Aquí cada tanto una ráfaga del aire que baja por el hueco del campanario le da un sutil respiro a los pulmones de los que logramos interceptarla.
El cura les hablaba a sus discípulos, les contaba toda la verdad, les hacia entender lo hermoso de la religión y todo eso que dicen los curas. Hubiese sido una misa normal de verano si no fuese por el estruendo que se produjo cuando un corpulento hombre que parado junto a su esposa se desvaneció sobre el banco que estaba delante de el. El ruido fue a maderas que se partían y a huesos que partían maderas y a un hombro que se partía contra el suelo y, como pensabas, a un suelo que partía un hombro.
El escandalo fue general. "No se amontonen, abran paso al medico" con el micrófono el cura organizaba la atención al sujeto. "Ustedes señores, muevan sus narices de la puerta así entra aire, no se amontonen les dije!!!!" vociferaba el cura perdiendo de a poco la paciencia que dios le inculcaba desde niño. Al llegar la ambulancia el señor ya estaba incorporado, sentado sobre el banco que trozó en su caída. Sobre sus propios pasos dejo la iglesia y sin aceptar la ayuda ni de los médicos ni de su esposa se subió al móvil que lo depositaria en el hospital.
"Ya está, los médicos se encargarán de que Don Gustavo se ponga nuevamente bien. Ahora ¿pueden callarse y así continuamos con la misa y rezamos un Ave María por la salud de Don Gustavo?" con un tono algo arrogante estableció la tranquilidad el cura y la misa continuó su curso divino.
No media hora, no veinte, ni siquiera diez, cinco minutos después un grito femenino inundó los oídos de todos los presentes, de aquí deduzco que también inundó los oídos de dios, ya que esta presente en todos lados y mas que nada en su hoguera dulce hoguera. "Mi marido falleció!, mi marido se murió!, se murió!" gritaba Rita Carrita. Sentado, con los ojos abiertos mirando la oscuridad de la muerte, tomando de la mano a Rita, Segundo Third había dejado de vivir.
No quiso mirarlo, ni escuchar mas nada, ni pisar nunca mas una iglesia. Afuera, mientras desertaba, las cinco cuadras le parecieron dos pasos.
29 de octubre de 2007
Mi post de las elecciones presidenciales
Se había ido a la ciudad donde estaba domiciliado. Aunque poco tiempo había residido en ese sitio.
Su jornada findesemanistica arrancó un viernes a las 7 de la tarde. En auto, con una pareja natal de Susito, pueblo cercano a La Bandera. El aire electoral lo inundaba todo. Se podía diferenciar entre el aire en las zonas céntricas y el de las zonas de la periferia. Un cuchillo cortaba el aire cerca de la municipalidad. Era algo entre nervioso y atemorizado, o exitado e insatisfecho. A eso de las 3 de la mañana pusieron su presencia y las cuatro ruedas en el partido de La Bandera. claro. Lo dejaron en su casa. Sitio donde permanecería el resto de la noche.
Amanece y almuerza al unisono. Fútbol tempranero. Ducha. Asado. Bebidas. Risas. Cama. Solo. Vuelve a amanecer y almorzar a la vez (asado nuevamente).Vuelta. O no. Vueltas. Aludes. Voto nulo. Aludes.
Fue justo en este ultimo "Aludes" donde comenzó a terminar su historia.
Del alud volvía en auto. Sabiendo a ciencia exacta que traía en su impulso demasiada velocidad. Comenzó a correr un inextinguible frío estrujador de huesos por el exterior de su espalda, sobre las costillas, en cada vertebra, su cuerpo soportando un posible infarto por hipotermia, y quien sabe que otro maligno destino. Siguió cumpliendo esta condición por varias cuadras, cuadras de furia enajenada. Cuadras ahora oscuras y calmas.
En la avenida de dos carriles había un auto estacionado en la mitad de la calle. Parecía no haber nadie en el. No se veían cabezas sobresalir. La velocidad indujo a tomar la decisión, una de tantas pero una en fin. Del lado derecho un auto estacionado a la par hacía la proesa un poco mas riesgosa pero no imposible. Temor y destemor. Intuición y distracción.
Del auto, por la puerta derecha en el momento en que ostentaba pasar y ganar el campeonato de las genialidades mas absurdas de la historia, salió una nena vestida de rosa, no pudo mas que intentar mirar quien venía al volante. Sus siete años no le enseñaron algunas reglas, sus siete años no le avisaron alguna distracción. Algunos dicen "la velocidad, para mi, la velocidad". Describir el hecho sería vomitar sangre sobre la pantalla.
Entre otros detalles seria necesario aclarar que hubo otro herido, y tal vez tanto o más afectado que la nena. Una herida que nació mucho antes de cometer el accidente. Una herida que solo puede necrosar. Huna herida mutantemente increíble. Un frío desdibujador de venas.
Un frío que lame los huesos menos roídos, que tironea de nuestras cienes. Solo consumiendose en cenizas desarraigará su delirio martirizador.
"¡¡¡Encadenen a este frío, el es el culpable!!! ¡Bajen las rejas ante el! ¡sepan injuriarlo!" desde su insípida y cálida celda se le oía gritar, se le oye.
Su jornada findesemanistica arrancó un viernes a las 7 de la tarde. En auto, con una pareja natal de Susito, pueblo cercano a La Bandera. El aire electoral lo inundaba todo. Se podía diferenciar entre el aire en las zonas céntricas y el de las zonas de la periferia. Un cuchillo cortaba el aire cerca de la municipalidad. Era algo entre nervioso y atemorizado, o exitado e insatisfecho. A eso de las 3 de la mañana pusieron su presencia y las cuatro ruedas en el partido de La Bandera. claro. Lo dejaron en su casa. Sitio donde permanecería el resto de la noche.
Amanece y almuerza al unisono. Fútbol tempranero. Ducha. Asado. Bebidas. Risas. Cama. Solo. Vuelve a amanecer y almorzar a la vez (asado nuevamente).Vuelta. O no. Vueltas. Aludes. Voto nulo. Aludes.
Fue justo en este ultimo "Aludes" donde comenzó a terminar su historia.
Del alud volvía en auto. Sabiendo a ciencia exacta que traía en su impulso demasiada velocidad. Comenzó a correr un inextinguible frío estrujador de huesos por el exterior de su espalda, sobre las costillas, en cada vertebra, su cuerpo soportando un posible infarto por hipotermia, y quien sabe que otro maligno destino. Siguió cumpliendo esta condición por varias cuadras, cuadras de furia enajenada. Cuadras ahora oscuras y calmas.
En la avenida de dos carriles había un auto estacionado en la mitad de la calle. Parecía no haber nadie en el. No se veían cabezas sobresalir. La velocidad indujo a tomar la decisión, una de tantas pero una en fin. Del lado derecho un auto estacionado a la par hacía la proesa un poco mas riesgosa pero no imposible. Temor y destemor. Intuición y distracción.
Del auto, por la puerta derecha en el momento en que ostentaba pasar y ganar el campeonato de las genialidades mas absurdas de la historia, salió una nena vestida de rosa, no pudo mas que intentar mirar quien venía al volante. Sus siete años no le enseñaron algunas reglas, sus siete años no le avisaron alguna distracción. Algunos dicen "la velocidad, para mi, la velocidad". Describir el hecho sería vomitar sangre sobre la pantalla.
Entre otros detalles seria necesario aclarar que hubo otro herido, y tal vez tanto o más afectado que la nena. Una herida que nació mucho antes de cometer el accidente. Una herida que solo puede necrosar. Huna herida mutantemente increíble. Un frío desdibujador de venas.
Un frío que lame los huesos menos roídos, que tironea de nuestras cienes. Solo consumiendose en cenizas desarraigará su delirio martirizador."¡¡¡Encadenen a este frío, el es el culpable!!! ¡Bajen las rejas ante el! ¡sepan injuriarlo!" desde su insípida y cálida celda se le oía gritar, se le oye.
26 de octubre de 2007
25 de octubre de 2007
Informe extraterrestre
Informe Nº 23.876:
Las condiciones evolutivas siguen su curso. Durante la confección del informe solo un 10% de la superficie se encuentra cubierta por nubes en la atmósfera. Podemos obsevar detenidamente.
Luego de el crecimiento espontáneo de hormigas cortadoras en la isla 564, que mediante la generación de una resistencia a los inhibidores de proteasas han ampliado su rango de especies atacables, esto sumado a la poca diversidad vegetal presente en la isla concluyó en un crecimiento exponencial de la especie seguido de una altísima mortandad cuando el alimento comenzó a escasear, acentuándose sobre la estación fría del año. Caso similar al ocurrido en las aguas del océano 3 donde la eventual liberación de compuestos azufrados, nitrogenados y fosforados desde las profundidades desató una terrible expansión de algas verdes y rojas que por cientos de metros de profundidad bloqueaban el paso de la luz destruyendo, además de matar animales por desorientación y ahogados atrapados entre estas, el fondo marino en aguas poco profundas. Estas zonas muy dependientes de la luz solar fueron seriamente afectadas en las costas del océano 3.
Una vez más, como en los últimos 15.054 informes, podemos comprobar que la especie dominante sobre la faz del planeta ha decidido, aunque mas lentamente, tener la misma suerte que varias especies documentadas. Sus características intrínsecas como la baja superpocición generacional, baja fecundidad y numero de hembras en relación a machos hace que a la especie le tome mas tiempo consumir los recursos disponibles. Es de ya antiguo conocimiento extraterrestre que civilizadamente han alcanzado un alto nivel, sin un objetivo claro pero ordenadamente, las falencias en áreas como tecnologías y ciencias de conocimientos naturales son pilares fundamentales para que la especie, a punto de iniciar el aumento de la mortandad por competencia de alimentos, se interprete como tal y decida, masivamente y adrede, disminuir la población conciente del daño biológico devastador que una catástrofe como la caída de la especie dominante pudiera generar.
La estrella continúa encendida. Reserva energética: 4.276 millones de años pulse.

Foto: Nave Ret, Fracción 5 de 9.
Arer Jeral, Comisión Detalladora Terrestre (CDT), seguimiento 3287.
Fin del informe.
22 de octubre de 2007
Un martes a la noche.
Voy por la espalda, como buen traicionero, o mal perdedor, y lo empujo mientras le cruzo las piernas.
Gira y al caer me araña la cara de un zarpazo.
Lo dejo desplomarse, ahora con mas resentimiento.
Su cabeza se estrella en la única baldosa blanca.
Me mira mientras le pateo las costillas.
Se aferra demasiado a mi pierna derecha, no puedo impactarlo con comodidad.
Golpeo con mis puños cerrados su cara, tres o cuatro veces.
El intenta azotarme con sus piernas pero esquivo sus débiles golpes.
Le sostengo la cara con la mano izquierda propiciandole varios puñetazos seguidos con la derecha.
Lo pateo dos o tres veces mas, en las piernas.
- ¡Pará! ¡pará!, ¿quien sos?- me dice entre onomatopeyas de dolor-. ¡Hijo de puta! ¿por qué me pegás?, ¡pará hijo de puta! ¡pará!- inmóvil desde el suelo, tomándose la cara, escupiendo sangre me grita-.
Lo miro nuevamente con rabia, me saco la sangre de la cara, me toco las manos comprobando su entereza y sigo caminando.
Luego de media cuadra volteo.
- ¡¿y vos quien mierda sos?!- le respondí-.
Gira y al caer me araña la cara de un zarpazo.
Lo dejo desplomarse, ahora con mas resentimiento.
Su cabeza se estrella en la única baldosa blanca.
Me mira mientras le pateo las costillas.
Se aferra demasiado a mi pierna derecha, no puedo impactarlo con comodidad.
Golpeo con mis puños cerrados su cara, tres o cuatro veces.
El intenta azotarme con sus piernas pero esquivo sus débiles golpes.
Le sostengo la cara con la mano izquierda propiciandole varios puñetazos seguidos con la derecha.
Lo pateo dos o tres veces mas, en las piernas.
- ¡Pará! ¡pará!, ¿quien sos?- me dice entre onomatopeyas de dolor-. ¡Hijo de puta! ¿por qué me pegás?, ¡pará hijo de puta! ¡pará!- inmóvil desde el suelo, tomándose la cara, escupiendo sangre me grita-.
Lo miro nuevamente con rabia, me saco la sangre de la cara, me toco las manos comprobando su entereza y sigo caminando.
Luego de media cuadra volteo.
- ¡¿y vos quien mierda sos?!- le respondí-.
6 de octubre de 2007
Más alla de nada, de nadie.

Como ya todos saben, la época del rock and roll, en el año 2032 se vio irrumpida por una masiva vuelta a las raíces de los instrumentos, dejando a todas ultimas la posibilidad de hacer un rock con estos primitivos aparatos. Esta progresiva desaparición de los instrumentos eléctricos, la practicamente evaporación de las cuerdas de metal ha englobado un viejo nuevo estilo musical llamado Kenuera, mediante la adaptación de técnicas ahora emergentes a las ya conocidas se crea una suerte de climax tribal, o mejor dicho new-tribal porque la proliferación de flashes, luces destellantes, lasers y ambientes psicodelicos no fue suprimida de ningún modo.
Estábamos en la desquería, buscábamos un disco viejo, ya muy viejo, del que mi padre me había hablado. Me había dicho Kalifornication, o kaliforniktion, o algo así, que por el solo orgullo de hacerme el entendido le asentí con un suave movimiento de cabeza y el siguió hablando, y no me dijo ¿Como que no lo conocés?, juntando los cinco extremos de sus dedos y mostrármelos cerca de los ojos, cosa que acostumbra cuando hablamos de sus viejas bandas de rock and roll y yo no los conocía. Mirando entre los discos llenos de polvillo que Jerónimo "el manco" Taboada tenia en su tienda, a Mauro se le ocurrió preguntarle al hijo del manco si sabía donde estaba o si lo tenía o si era ese el nombre real(no recuerdo exactamente). Mauro lo conocía desde hace bastante, pero aún el largo de la relación de amistad no nos dice nada. Solían ir, luego de la clase de educación física, a cazar gorriones con la honda, era una tarde saciada de belleza, la primavera en el pueblo trae estos placeres, el viento cálido, el Sol apenas caliente, las nubes todas ausentes y, justo esa tarde, poca tarea colegial. Fue una acción desencadenada en nada, cuando advirtió el presente este ya era futuro, demasiado tarde. Mauro vio el pájaro posarse suavemente y en soledad sobre una de las ramas desgajadas del pino grande, pulentin (el hijo del manco) le tiró el hondazo sin decir nada, y eso entre chicos de pueblo es jugar sucio, es ser traicionero y hasta delator en el caso que la presa consiga la huida, y si los comentarios llegan a otros oídos, podría nunca más salir a cazar acompañado puesto que la cometida es la peor de las faltas. Mauro tampoco dijo nada, le apuntó a la cabeza y con la tuerca que algún auto perdió de su rueda le tiró el hondazo. Pulentin mirando hacia adelante recibió la tuerca girando y a velocidad exedida. Esta rosó fuertemente su ojo izquierdo e impactó en su tabique, quedando como saldo de la venganza un ojo que ya no goza de transformar energía lumínica en impulsos y reacciones y un tabique hecho polvo, cual luego de sucesivas operaciones conserva su evidente deformidad. Volviendo a la tienda, la respuesta que recibió Mauro fue un "no" suave pero que no daba lugar a repreguntar. Salimos del local sin nada más que el disco que pude robar mientras el manco y pulentin buscaban las calcomanías del local en una caja de la que solo salía olor a putrefacción. Dimos la vuelta en la esquina y Mauro, que me había visto hurtando, me lo sacó de la cintura y nos dimos cuenta que había sacado el anterior, Grandes éxitos de Lenny Kravitz. En esta ocasión tampoco dijo nada, me miró y yo asentí con el mismo gesto que anteriormente le hacía a mi padre. Lo tiró dos pasos adelante nuestro y la caja se abrió. Diez o quince saltos sobre el cd, por el cual me había arriesgado a visitar la comisaria, y ya no era un ejemplar de esa colección, pero seguía conservando su genero: ¡Basura!.
Fuimos hablando, una vez más, mientas pateábamos piedras en los costados de la calle, y llegamos a ponernos de acuerdo que en el pueblo nadie vive "mal". Luego de la implementación del control poblacional mundial ya hace unos veinte años los asentamientos civiles denominados ciudades se han redistribuido rápidamente, por lo menos en este pequeño país. En el pueblo se vive mejor o peor, pero ya nadie vive como antes se decía "mal".
Faltando dos cuadras para llegar a casa la señora de Gutierrez, doña Elvira Llantos nos hizo señas con un trapo y nos acercamos. Se escuchaba asombrosamente nítido el impacto del gran chorro de agua que atravesaba la cocina y se desparramaba tiñendo de gris la pared blanqueada con cal. La señora no encontraba la llave de agua para cortar la circulación de la sangré insípida que corría vehementemente por las arterias del caserón y se derramaba en la cocina, ahora más cercana a una tina. Yo ya había arriesgado mi pellejo robando el disco, ahora era el turno de Mauro. Se sacó la remera y se sumergió en la cocina. Primero cesó el ruido, luego, salió Mauro. Mojado y temblando. Elvira nos dio media torta de limón que no se había mojado en recompensa por acudir a la emergencia. Torta que pasar por entre nuestros dientes no tardó ni el tiempo necesario para llegar a la esquina de mi domicilio.
Mi padre conserva esa antigua costumbre de fumar en la sala de entrada, o antesala de la casa. De esta manera yo, dos casas antes mediante el olfateo del tabaco quemado puedo precisar si mi padre está en la antesala o no, o si estuvo hace poco o no. El olor a humo era notorio. Entramos a casa por el patio para no cruzarnos con mi viejo, que seguro le iba a preguntar a Mauro sobre su cabeza mojada y ni yo ni Mauro teníamos ganas de dar explicaciones sin sentido. Pero al pasar no lo vimos fumando su pipa añeja, "se habrá ido hace poco" dije entredientes. Entramos al cuarto mio, el ultimo del largo pasillo que es mi casa, y lo vi a mi viejo escuchando con los auriculares en los oídos, de espalda a nosotros, sosteniendo los pequeños parlantes ajustados a su cabeza. Antes de acercarme miré el reflejo que la ventana abierta hacía del cuarto y noté que estaba con los ojos cerrados, durmiendo posiblemente. Le toqué la espalda y ahí me di cuenta de que no era necesario que mi viejo esté fumando para sentir esa intensa fragancia a tabaco puro. Dormido no estaba, pero la gran concentración lo mantenía aislado de la realidad. El susto con el que giró para ver quien lo asediaba no fue grande pero con su brazo desconectó el auricular y la música salió desventurada por los altoparlantes.
Estábamos en la desquería, buscábamos un disco viejo, ya muy viejo, del que mi padre me había hablado. Me había dicho Kalifornication, o kaliforniktion, o algo así, que por el solo orgullo de hacerme el entendido le asentí con un suave movimiento de cabeza y el siguió hablando, y no me dijo ¿Como que no lo conocés?, juntando los cinco extremos de sus dedos y mostrármelos cerca de los ojos, cosa que acostumbra cuando hablamos de sus viejas bandas de rock and roll y yo no los conocía. Mirando entre los discos llenos de polvillo que Jerónimo "el manco" Taboada tenia en su tienda, a Mauro se le ocurrió preguntarle al hijo del manco si sabía donde estaba o si lo tenía o si era ese el nombre real(no recuerdo exactamente). Mauro lo conocía desde hace bastante, pero aún el largo de la relación de amistad no nos dice nada. Solían ir, luego de la clase de educación física, a cazar gorriones con la honda, era una tarde saciada de belleza, la primavera en el pueblo trae estos placeres, el viento cálido, el Sol apenas caliente, las nubes todas ausentes y, justo esa tarde, poca tarea colegial. Fue una acción desencadenada en nada, cuando advirtió el presente este ya era futuro, demasiado tarde. Mauro vio el pájaro posarse suavemente y en soledad sobre una de las ramas desgajadas del pino grande, pulentin (el hijo del manco) le tiró el hondazo sin decir nada, y eso entre chicos de pueblo es jugar sucio, es ser traicionero y hasta delator en el caso que la presa consiga la huida, y si los comentarios llegan a otros oídos, podría nunca más salir a cazar acompañado puesto que la cometida es la peor de las faltas. Mauro tampoco dijo nada, le apuntó a la cabeza y con la tuerca que algún auto perdió de su rueda le tiró el hondazo. Pulentin mirando hacia adelante recibió la tuerca girando y a velocidad exedida. Esta rosó fuertemente su ojo izquierdo e impactó en su tabique, quedando como saldo de la venganza un ojo que ya no goza de transformar energía lumínica en impulsos y reacciones y un tabique hecho polvo, cual luego de sucesivas operaciones conserva su evidente deformidad. Volviendo a la tienda, la respuesta que recibió Mauro fue un "no" suave pero que no daba lugar a repreguntar. Salimos del local sin nada más que el disco que pude robar mientras el manco y pulentin buscaban las calcomanías del local en una caja de la que solo salía olor a putrefacción. Dimos la vuelta en la esquina y Mauro, que me había visto hurtando, me lo sacó de la cintura y nos dimos cuenta que había sacado el anterior, Grandes éxitos de Lenny Kravitz. En esta ocasión tampoco dijo nada, me miró y yo asentí con el mismo gesto que anteriormente le hacía a mi padre. Lo tiró dos pasos adelante nuestro y la caja se abrió. Diez o quince saltos sobre el cd, por el cual me había arriesgado a visitar la comisaria, y ya no era un ejemplar de esa colección, pero seguía conservando su genero: ¡Basura!.
Fuimos hablando, una vez más, mientas pateábamos piedras en los costados de la calle, y llegamos a ponernos de acuerdo que en el pueblo nadie vive "mal". Luego de la implementación del control poblacional mundial ya hace unos veinte años los asentamientos civiles denominados ciudades se han redistribuido rápidamente, por lo menos en este pequeño país. En el pueblo se vive mejor o peor, pero ya nadie vive como antes se decía "mal".
Faltando dos cuadras para llegar a casa la señora de Gutierrez, doña Elvira Llantos nos hizo señas con un trapo y nos acercamos. Se escuchaba asombrosamente nítido el impacto del gran chorro de agua que atravesaba la cocina y se desparramaba tiñendo de gris la pared blanqueada con cal. La señora no encontraba la llave de agua para cortar la circulación de la sangré insípida que corría vehementemente por las arterias del caserón y se derramaba en la cocina, ahora más cercana a una tina. Yo ya había arriesgado mi pellejo robando el disco, ahora era el turno de Mauro. Se sacó la remera y se sumergió en la cocina. Primero cesó el ruido, luego, salió Mauro. Mojado y temblando. Elvira nos dio media torta de limón que no se había mojado en recompensa por acudir a la emergencia. Torta que pasar por entre nuestros dientes no tardó ni el tiempo necesario para llegar a la esquina de mi domicilio.
Mi padre conserva esa antigua costumbre de fumar en la sala de entrada, o antesala de la casa. De esta manera yo, dos casas antes mediante el olfateo del tabaco quemado puedo precisar si mi padre está en la antesala o no, o si estuvo hace poco o no. El olor a humo era notorio. Entramos a casa por el patio para no cruzarnos con mi viejo, que seguro le iba a preguntar a Mauro sobre su cabeza mojada y ni yo ni Mauro teníamos ganas de dar explicaciones sin sentido. Pero al pasar no lo vimos fumando su pipa añeja, "se habrá ido hace poco" dije entredientes. Entramos al cuarto mio, el ultimo del largo pasillo que es mi casa, y lo vi a mi viejo escuchando con los auriculares en los oídos, de espalda a nosotros, sosteniendo los pequeños parlantes ajustados a su cabeza. Antes de acercarme miré el reflejo que la ventana abierta hacía del cuarto y noté que estaba con los ojos cerrados, durmiendo posiblemente. Le toqué la espalda y ahí me di cuenta de que no era necesario que mi viejo esté fumando para sentir esa intensa fragancia a tabaco puro. Dormido no estaba, pero la gran concentración lo mantenía aislado de la realidad. El susto con el que giró para ver quien lo asediaba no fue grande pero con su brazo desconectó el auricular y la música salió desventurada por los altoparlantes.
"...Wave good-bye to ma and pa 'cause
With the birds I'll share
With the birds I'll share
This lonely view
With the birds I'll share
This lonely view..."
3 de octubre de 2007
Detras de lar rejas, en silla de ruedas.
Solíamos juntarnos con Reche, Piali y Dresec en el parque Centenario, en los bancos que están a unos cincuenta metros de la avenida Diaz Velez, a decir las pavadas que nos hacían reír un rato, tomar una cerveza o fumar algún porro. A eso de las ocho de la noche íbamos para ahí y, siempre en la nuestra, mirábamos a los deportistas aficionados de la ciudad, los reivindicadores de la salud física, los deleitantes de la vida, o los aburridos de sus esposas hacer sus actividades. Seguramente ellos, cada uno de ellos pensara algo sobre nosotros, obviamente malo. Señalados de vagos, drogadictos, borrachos, boluditos, pendejos boluditos, pero ese es otro tema al que prefiero hacer oído sordo.
Estaba el pelado de rodillera que medio rengeaba con la zurda, corría una horita reloj. Nos llamaba la atención de que siempre andaba con las mismas medias, aunque siempre distinta remera o pantalón o rodillera incluso, venia con las mismas medias del día anterior, y anterior y anterior y etc. etc.. La minita de dieciséis años con el culo un poquito gordo para ser el que sale en las propagandas, linda, siempre decíamos que esa iba a estar buena toda la vida, había que frenarla de su corrida y hablarla, nada más que eso. Piali decía que se llamaba Lucia, Dresec que se llamaba Priscila y ni yo ni Reche teníamos conocimientos aproximados al tema como para desenmascarar al mentiroso, impostor, o solo olvidadizo de los dos. Reche un Martes justo antes de irnos se paró en el banco y "¡che morocha!, ¡deciles a los chicos como te llamás porque sino los venís a separar vos cuando se caguen a trompadas!" le gritó, "Nidia" respondió rápido, hizo seis o siete pasos y volvió a gritar "Reche, ¿no?", "el mismo", y siguió y ese día no volvió a pasar.
También solía frecuentar la zona una señora de treintaipico de años que yo una vez había visto practicándole sexo oral al cuidador del edificio de enfrente, un elegante encargado de seguridad que miraba a todo el mundo desde un escalón que nunca bajaba en sus horas de trabajo, se mantenía sin pisar la vereda, ¿vértigo?, pero los chicos no me creían.
Siempre pasaban dos pibes a las ocho y media exactamente, vestidos con trajes negros, zapatos no muy brillantes pero en buen estado y además del gel de sus cabellos llevaban no menos de dos piercings en la cara cada uno. Fue el miércoles 4 de noviembre del 2013, hace cinco años y medio, el más alto de los dos, sin intención, golpeó su maletín contra uno de los bancos de cemento en la periferia del parque, el sonido me llamó la atención y giré el cuello hacia ellos, igual tarea hizo Piali. El maletín estaba abierto y el solo sostenía la mitad que tenia atornillada la manija, por el suelo caen ocho grandes fajos de billetes violetas, claramente se notaba que no eran nuevos. Lo que podría se indicio de plata mas bien ilícita. Los dos se agacharon exasperadamente y comenzaron a juntar los fajos de dinero, aunque la reacción fue extravagante, juntaron y ordenaron todo de manera tranquila y siguieron su camino sin mirar hacia acá ni hacia ningún lado que no sea su adelante. Así desaparecieron por alguna calle de los alrededores del parque como todos los rutinarios días.

Luego de comentarnos entre nosotros la rara situación, bromeamos alabando lo bueno de la idea de asaltarlos, sacarles la guita sin saber de donde venía y no venir más al parque, lugares de encuentro no faltan en la ciudad. Siempre entre bromas fuimos esculpiendo un plan de asalto más o menos factible en el que, yo y Piali nos íbamos a cruzar con ellos dos una vez que pisaran la vereda del parque, a punta de pistola, o de pistolas, se verían obligados a entregar la carne de nuestra presa, y Reche y Dresec llegarían en auto para la huida. Con Dresec al volante y Reche en el asiento del acompañante, abriría las puertas de atrás para que sin problemas subamos con el botín en nuestras manos.
Tres meses después habíamos conseguido el auto del tío de Dresec que se iba de vacaciones a no se donde por cuatro meses, tiempo suficiente para que el recuerdo de un palio negro se borre de cualquier memoria, y más aún de cualquier búsqueda. Las armas las tenía yo en casa, dos pistolas, una calibre 38 que opté por empuñar yo y una 9 mm que Piali dijo saber utilizar.
Los cruzamos un jueves, recuerdo bien que en la calle no había mucha gente, era un jueves frío y con algo de neblina, momentos atrás una fina lluvia, cuasi-garúa, lamía cada superficie a la que se exponía. No fue difícil sacarles de las manos los maletines, practicamente los entregaron solos. Apuntandolos al pecho nos subimos al auto, que hacía chillar sus frenos y escarbar las ruedas queriendo escapar al mismos tiempo. Tomamos Diaz Velez justo con el semáforo en verde y el primero de la avenida decidió pasarlo en rojo. En el segundo frenó ya con los dos increpados lejos, a unas cuatro cuadras. Doblamos en Río de Janeiro y dejamos el auto a unos treinta metros de la pequeña calle Panamá, lo entramos y fuimos hasta el departamento de su tío a contar la plata. Mientras Piali buscaba la llave, un Orión rojo, con vidrios casi espejados se estacionó frente a la puerta del edificio. Dos ametralladoras de mano empezaron a estamparnos plomazos por todo el cuerpo a los cuatro, Dresec fue el primero en doblar las rodillas y recibir el certero en la cabeza. El siguiente fui yo, con un tiro en la rodilla izquierda y otro en la cadera no pude combatir la gravedad y al caer con la cabeza tras el cuerpo tieso de Dresec no recibí el tiro de gracia. Reche y Piali, ambos cayeron juntos sobre mi. Hoy también recuerdo escuchar que luego de recuperar los maletines ellos también salieron haciendo chillar las ruedas.
2 de octubre de 2007
Tus días feos...
.
El sistema de drenaje hidrico en mi barrio funciona mal. Hay partes altas donde luego de unos minutos no queda ni una lágrima de agua, pero hay otros puntos donde se te llenan las botas de goma. No hizo el día de hoy mas que llover, por que llovió y llovió, ayer recuerdo haber dicho que era uno de los mejores días del año, climaticamente hablando, y hoy pude decir que aunque llueva los días no son malos ni feos ni bla bla blas, son simplemente días diferentes, días inventados para medirnos e intentar ver cuan lejos llegaremos. Vivir en el 2000... ¡que frase estúpida!.
Frente a la vereda de mi casa suele no acumularse agua en demasía, aunque también recuerdo ver la calle rebalsando de agua turbia y no tan helada, lluvias de verano decíamos. Miré por la ventana intentando ver el fenómeno en su esplendor pero me distraían las gotas que caían cerca, por lo que opté por analizar los impactos desde cerca. Acercando la cara a una gotera, la mas cercana, recibo desde otro frente la salpicadura de algo que me hizo arder mucho los ojos, como una suerte de ácido carcomedor de retinas. Evento que hizo que me retire de la hazaña y valla por algo mas interesante.
Televisión, nada. Radio, nada. Chat, nadie. Solo a unos treinta centímetros del teléfono móvil yacía una novela de Wilde (El retrato de Dorian Gray). Luego de una hora de leer practicamente sin respirar, sumergido en el discurso de Lord Henry, al levantar la mirada veo que la lluvia no ha cesado.
- ¡Darío, pelotudo dejaste la ventana abierta, siempre el mismo boludo vos, andá, traé el trapo y secá todo bien, salame!
- No me rompas las pelotas que la debés haber dejado vos abierta.
- Dale limpiá si no querés que nos vallamos de manos, no estuve en todo el día en casa y vos con esa cara de imbécil me venís a decir que yo dejé la ventana abierta, la cabeza de un palazo te voy a dejar abierta, andá y secá por boludo.
Mi hermano siempre consigue que alguien haga eso que si lo tuviera que hacer él tarda dos días para terminarlo. Como la vez que me hizo llevar a arreglar la su bicicleta que tenía hace cuatro meses tirada ahí y como la ultima vez la había usado yo decía que me correspondía hacerla reparar. Terminé de secar ese poco de agua que había entrado mientras leía y volví a mirar por la ventana, seguía lloviendo fuerte, pero esta vez si me pude concentrar en la parte lejana de la tormenta. Era un hermoso día de lluvia.
El sistema de drenaje hidrico en mi barrio funciona mal. Hay partes altas donde luego de unos minutos no queda ni una lágrima de agua, pero hay otros puntos donde se te llenan las botas de goma. No hizo el día de hoy mas que llover, por que llovió y llovió, ayer recuerdo haber dicho que era uno de los mejores días del año, climaticamente hablando, y hoy pude decir que aunque llueva los días no son malos ni feos ni bla bla blas, son simplemente días diferentes, días inventados para medirnos e intentar ver cuan lejos llegaremos. Vivir en el 2000... ¡que frase estúpida!.
Frente a la vereda de mi casa suele no acumularse agua en demasía, aunque también recuerdo ver la calle rebalsando de agua turbia y no tan helada, lluvias de verano decíamos. Miré por la ventana intentando ver el fenómeno en su esplendor pero me distraían las gotas que caían cerca, por lo que opté por analizar los impactos desde cerca. Acercando la cara a una gotera, la mas cercana, recibo desde otro frente la salpicadura de algo que me hizo arder mucho los ojos, como una suerte de ácido carcomedor de retinas. Evento que hizo que me retire de la hazaña y valla por algo mas interesante.
Televisión, nada. Radio, nada. Chat, nadie. Solo a unos treinta centímetros del teléfono móvil yacía una novela de Wilde (El retrato de Dorian Gray). Luego de una hora de leer practicamente sin respirar, sumergido en el discurso de Lord Henry, al levantar la mirada veo que la lluvia no ha cesado.
- ¡Darío, pelotudo dejaste la ventana abierta, siempre el mismo boludo vos, andá, traé el trapo y secá todo bien, salame!
- No me rompas las pelotas que la debés haber dejado vos abierta.
- Dale limpiá si no querés que nos vallamos de manos, no estuve en todo el día en casa y vos con esa cara de imbécil me venís a decir que yo dejé la ventana abierta, la cabeza de un palazo te voy a dejar abierta, andá y secá por boludo.
Mi hermano siempre consigue que alguien haga eso que si lo tuviera que hacer él tarda dos días para terminarlo. Como la vez que me hizo llevar a arreglar la su bicicleta que tenía hace cuatro meses tirada ahí y como la ultima vez la había usado yo decía que me correspondía hacerla reparar. Terminé de secar ese poco de agua que había entrado mientras leía y volví a mirar por la ventana, seguía lloviendo fuerte, pero esta vez si me pude concentrar en la parte lejana de la tormenta. Era un hermoso día de lluvia.
18 de septiembre de 2007
Viajero
Soy un viajero de piel tersa, escamada y bronceada. Mido no mucho más que vos, y sino, te llego más o menos al hombro. Visto como alguien que es viajero, ¿hace falta que me describa?. Suelo mantenerme el pelo corto, no es de buen augurio si, haciendo dedo bajo la lluvia no te suben por desalineado, suelen pensar mucho en esto los conductores y/o acompañantes, "ese es un chorro, si lo subís nos afana" dicen. Y vos y tu casi igual que vos mochila se quedan bajo una tormenta indigna, adsorbiendo y absorbiendo el agua congelada que cae desde 100 metros, gotas que duelen como las pequeñas piedritas que son. Volviendo a quien y que soy (sabiendo que intrínsecamente nunca pueda responder a esas preguntas), mantengo también una cuasibarba, de pelos muy dispersos pero no menos negros que los tuyos, que intento emprolijar cada vez que recuerdo, pese a eso suelo hacerlo seguido. Mis ojos son verdes, motivo, aunque no soy de entrar en detalles, de muchas y unas cuantas más conquistas, femeninas, obviamente. Recuerdo aquel, para mi, raro episodio: frecuentaba un pequeño bar barato que estaba a dos cuadras del camping en el que yo tenía mis pertenencias indispensables, charlaba con y colega de oficio que acampaba tres carpas hacia el este de la mía y nos habíamos hecho conocidos mientras ambos intentábamos hacer fuego para cocinar con ramitas de pino y ninguno lo conseguía, fue hasta algo gracioso porque luego de estar quince minutos frotando maderitas con las manos congeladas nos miramos al unísono uno a otro con cara de decepción y nos sonreímos, "¿le pedimos fuego a alguien? le grité desde mi carpa, y el Morsa me contestó "no sería mala idea", y en vez de pedir, nos compramos un encendedor a medias; retomo, mientras charlaba con el Morsa una chica de tu edad aproximadamente, con un pelo morocho tan oscuro que la noche aunque cierre los ojos jamás podrá conocerlo, también de ojos verdes y brillantes, si, linda, sin decirme nada se puso enfrente mío y luego de mirar mi cara detalladamente empezó a besarme el cuello, y lo hizo hasta llegar a mi boca, beso que se prolongó por horas en el oasis de nylon que suele cubrirme de toda amenaza nocturna.
Sobre mi profesión poco puedo decir, pero mucho más que vos seguro, porque yo soy lo que vos algún día quisiste o quiere o querrás ser, si alguien ha conseguido libertad en su puro significado, ese he sido yo, mis actividades se prolongan durante todo el día, viajar y hacerse a la vera del camino, desplegándose para mis ojos y jamás para los tuyos los paisajes más diversos, tal vez hasta, si el oficio no te ha comido el corazón y los nervios, se te cae una lágrima a las orillas del lago Iñil, o sus aguas mojan tus manos completamente ajadas por el frío, y secas por la escasa humedad ambiental y tu cuerpo tiembla casi perpetuamente apoderándose de tus hombros que se sacuden exaltados y llega esa sensación de acumulacíon de tranquilidad sobre el cuello y la espalda. Mis oficios fueron muchos, he repartido diarios con una sonrisa temprano a la mañana, he pintado los juegos para chicos chicos de varias plazas en La Candelaria, atendí por varias, tres o cuatro, semanas una librería de libros usados y polvorientos, arreglaba bicicletas para una gran bicicletería que vendía todo de la marca Chicago, habiendo cien marcas este vendía solo Chicago, y encima de que hacía más plata que cualquier bicicletería me hacía laburar por dos mangos, un hijo de puta como los que te encontrás en todos lados el tipo. Tal vez no he aprendido luego de algunos años a someter gente y explotarlos quitando toda oportunidad de cambio para ocupar el lugar que ocupás y tener el traje italiano negro que luces, con el que te paseas delante de tus súbditos que miran tu pavoneo como si fueras un extraterrestre, pero quieren ser como vos, y por eso se hijo de putean con todos sus compañeros de laburo. El día climática y sentimentalmente ha resultado agradable, luego de zambullirse la tarde, el atardecer me encuentra sentado sobre esta piedra que es una montaña, veo acercarse una luz, no, son dos, es un auto.
Sobre mi profesión poco puedo decir, pero mucho más que vos seguro, porque yo soy lo que vos algún día quisiste o quiere o querrás ser, si alguien ha conseguido libertad en su puro significado, ese he sido yo, mis actividades se prolongan durante todo el día, viajar y hacerse a la vera del camino, desplegándose para mis ojos y jamás para los tuyos los paisajes más diversos, tal vez hasta, si el oficio no te ha comido el corazón y los nervios, se te cae una lágrima a las orillas del lago Iñil, o sus aguas mojan tus manos completamente ajadas por el frío, y secas por la escasa humedad ambiental y tu cuerpo tiembla casi perpetuamente apoderándose de tus hombros que se sacuden exaltados y llega esa sensación de acumulacíon de tranquilidad sobre el cuello y la espalda. Mis oficios fueron muchos, he repartido diarios con una sonrisa temprano a la mañana, he pintado los juegos para chicos chicos de varias plazas en La Candelaria, atendí por varias, tres o cuatro, semanas una librería de libros usados y polvorientos, arreglaba bicicletas para una gran bicicletería que vendía todo de la marca Chicago, habiendo cien marcas este vendía solo Chicago, y encima de que hacía más plata que cualquier bicicletería me hacía laburar por dos mangos, un hijo de puta como los que te encontrás en todos lados el tipo. Tal vez no he aprendido luego de algunos años a someter gente y explotarlos quitando toda oportunidad de cambio para ocupar el lugar que ocupás y tener el traje italiano negro que luces, con el que te paseas delante de tus súbditos que miran tu pavoneo como si fueras un extraterrestre, pero quieren ser como vos, y por eso se hijo de putean con todos sus compañeros de laburo. El día climática y sentimentalmente ha resultado agradable, luego de zambullirse la tarde, el atardecer me encuentra sentado sobre esta piedra que es una montaña, veo acercarse una luz, no, son dos, es un auto.
2 de septiembre de 2007
Algo sobre el alma.
No dejes de cansarte, y nunca olvides el cansancio de la rutinesca vida, me dijo al oído mientras el bidé en forma de fuente se apoderaba de todo lo inerte con sus brazos hídricos.
Me veía incluido en la salsa de oraciones que hilvanaba en una suerte de suspiro. Sus letras obvias tatuaban mayúsculas y símbolos, enrarecidos por lo denso de mi sangre perturbada, sobre la piel de mis huesos. Se encontraba en ese estado de divulgación inconsciente, donde solo los adultos (adulterados) sabrán de mi referencia.
Espalda sobre azulejos blancos y tiznados le dirigía sus místicas conjunciones a mis ojos híbridos, serenamente muertos. Sujetaba, bajo el agua de su fuente, entre sus manos un papel escrito, no por el, pero tampoco por mi. Logré ver que decía, en letras muy pequeñas, "algo sobre el alma". Cuando notó mi mirada fija en el papel lo mojó un poco mas y haciéndolo una pelotita lo tiró hacia arriba y se lo tragó como si fuera un maní. Lo injurié, y lo hice nuevamente pero le importó tan poco como mojarse.
Extendí mi mano y la sujetó con fuerza, sabía que naturalmente no le haría daño alguno. Le ordené cerrar el bidé antes que el agua consiga conquistar algo mas que el baño. Lo hizo, cerró la llave y salimos, ambos mojados, se recostó en mi cama. Cuando cerró los ojos desperté, pero ya eramos uno nuevamente.
Me veía incluido en la salsa de oraciones que hilvanaba en una suerte de suspiro. Sus letras obvias tatuaban mayúsculas y símbolos, enrarecidos por lo denso de mi sangre perturbada, sobre la piel de mis huesos. Se encontraba en ese estado de divulgación inconsciente, donde solo los adultos (adulterados) sabrán de mi referencia.
Espalda sobre azulejos blancos y tiznados le dirigía sus místicas conjunciones a mis ojos híbridos, serenamente muertos. Sujetaba, bajo el agua de su fuente, entre sus manos un papel escrito, no por el, pero tampoco por mi. Logré ver que decía, en letras muy pequeñas, "algo sobre el alma". Cuando notó mi mirada fija en el papel lo mojó un poco mas y haciéndolo una pelotita lo tiró hacia arriba y se lo tragó como si fuera un maní. Lo injurié, y lo hice nuevamente pero le importó tan poco como mojarse.
Extendí mi mano y la sujetó con fuerza, sabía que naturalmente no le haría daño alguno. Le ordené cerrar el bidé antes que el agua consiga conquistar algo mas que el baño. Lo hizo, cerró la llave y salimos, ambos mojados, se recostó en mi cama. Cuando cerró los ojos desperté, pero ya eramos uno nuevamente.
15 de agosto de 2007
Ilia pero Magna.
Abrió, cerró. Abrió, abrió, cerró, cerró. Pulsó. Bajó un poco y se detuvo entre el tercer y cuarto piso. La alarma no funcionaba, nunca lo hizo. Buscó el rincón más cómodo y se sentó en cuclillas. Recordó entonces la noche anterior, cuando sueños confusos no faltaron. Esa noche Ilia y ella, luego de meses, iban a compartir la misma cama que tiempo atrás desarmarían con euforia y furia de sábado.
Dos días antes, Ilia, telefoneó a casa de ella. Ella empapaba su cuerpo en el oasis artificial que vaporeaba la tina, espumas, sales, cepillos, esponjas, masajeadores de madera y algún trago de cola helada; de hecho el sonar irritante del viejo teléfono nunca fue atendido. El mensaje que Ilia grabó decía: "Suena y suena y suena pero tu voz no. Soy Ilia, no son ganas de verte las que me faltan, quizá una comida o un helado, ¿o por qué no ir al cine?. ¿Mañana te parece?. Avisame. Saludos y algún beso."
Sin más que apuros, las ideas que en su cabeza se mezclaban eran demasiadas. La relación entre ella y Aston - su ex pareja - sufría un colapso total, el rumor señala que Aston y una tal Brina Serri frecuentaban el bello Motel Morrison ocasionalmente, también se dice que Magna estaba más que a oído fresco de la tensa situación, probablemente siendo solo ella la herida o muerta de esta guerra rosa.
Esperó hasta que el presente sea Jueves y con el teléfono en el tímpano marcó los dígitos de Ilia, tan rápido como si el teléfono de un amigo, o pareja fuera. Pero esta vez el ausente fue Ilia. La timidez que afloraba en sus mejillas tiznadas de un rojo algodonado no le permitió en la primer llamada dejar un recado. Acomodó con paciencia en la punta de su lengua las palabras que por el momento solo la maquina contestadora habría de oír (Ilia, ¿qué tal?. Soy Magna. Llama a casa en cuanto el vértigo te de un respiro. Hasta luego. Saludos y besos voladores!.). Pulsó los números correctos nuevamente con la rapidez que antes asombraría a ustedes, y en la espera del ¡¡beeep!! que le permita grabar su voz iba repitiendo el mensaje, una y una y una y otra vez.
- Hola; ¿Hablo con...?. - Preguntó Ilia hilvanando un tono por demás de apresurado.
- Como. No. Ah. ¿Ilia?.
- ¿Magna?.
- ¡Claro!, intento ser yo, aunque a veces no lo consiga.
- Hoy lo has conseguido. Hace unas horas en tu contestadora dejé un mensaje. ¿Estabas ocupada?.
- Demasiado.
- Bueno... ¿te veo mañana?.
- A raíz de eso marqué tu numero de teléfono. ¡Claro que me ves!, hace ya un buen rato que nuestras miradas no se cruzan.
- Sueles tener razón.
- Decime vos, mañana 10/8, 22 hs en mi casa, ¿te parece bien?.
- De película.
- Ah de eso me encargo yo, también del helado y la comida, solo tienes que...
- Magna...
- Ilia...
- Te veo mañana.
- Espero verte, te dejo un beso en la mejilla.
- Otro, pero en los labios.
Ambos reían sordamente, o mejor dicho sonreían mientras los aludes de sensaciones arrasaban montaña abajo con todo tipo de idea o pensamiento. Ansias, sospechas improbables e incomprobables, pudor, exaltación y ansias nuevamente.
El día no decía lo suficiente, en la abundancia de grises los brillos morían y todo en derredor se colmaba, embadurnado de cielo húmedo, de opacidad. Buenos Aires era un mundo devastado, atiborrado de caras duras o enmascaradas de sombra. Era así. Dueño y dolor de muchos, el frío erguía su puño de acero, dejándolo caer, ungiendo con su aire tempestuoso, las palabras irrisorias y vanas, o frágiles y tenues que nunca embisten nada o nadie. Un viernes más.
Durante las horas en que el Sol enrojecía las pieles faciales de los humanos, Magna dispuso a hacer lo necesario para la deseada noche de dos. Comida. Película. Y decidió agregar un dulce, no había helado.
Ilia ,ese viernes singular, amaneció sin ojos. Pudo como muchos enfurecer y destruir el poco de su habitación, pero por ese entonces la noticia era ya sumamente sabida, "el mal de los ojos de humo" azotaba la ciudad durante los meses de Julio y Agosto todos los años impares, dejando una huella gruesa y triste de nuevos ciegos asustadizos. Con cuantiosa calma y aplomo dejó la horizontal posición que llevaba por horas, no intentó tocarse los ojos, pensó que eso lo haría sentirse peor. Se ubicó sentado en el borde derecho de su rígida cama e intentó decir algo en voz baja, y que por ser el primer sonido emitido por sus cuerdas vocales en el día nadie pudo dilucidar a que hacía referencia. A solo metros de su ventana totalmente ennegrecida de sombra silbaban sus cantos enloquecidos los seres gigantes y de consistente esqueleto que nos digieren y nos defecan en destino. Las notas en cataratas invadían los sucios rizos de su cabeza. Estiró la mano y entre tanteos esquivos a la madera de su mesa de luz pudo acariciar la perilla del cajón. Lenta pero inconstantemente lo abrió, la tomó por el lomo, acomodó el 38 suavemente en su cien, al montar el arma el crujido del martillo tomando distancia para el golpe le recorrió en cuerpo entero haciendo resonar sus huesos y caer una gota pura desde su glándula lagrimal, disparó.
Magna y su hermana Rea esa noche hicieron chasquear unos humeantes nachos con salsas suaves y dulces. La alarma de los afectados sonó exactamente a las 17:15 pm ese viernes.
El sábado, ni Rea ni Magna amanecieron con dolor de estómago, solo que a Rea le faltaban ambos ojos.
Dos días antes, Ilia, telefoneó a casa de ella. Ella empapaba su cuerpo en el oasis artificial que vaporeaba la tina, espumas, sales, cepillos, esponjas, masajeadores de madera y algún trago de cola helada; de hecho el sonar irritante del viejo teléfono nunca fue atendido. El mensaje que Ilia grabó decía: "Suena y suena y suena pero tu voz no. Soy Ilia, no son ganas de verte las que me faltan, quizá una comida o un helado, ¿o por qué no ir al cine?. ¿Mañana te parece?. Avisame. Saludos y algún beso."
Sin más que apuros, las ideas que en su cabeza se mezclaban eran demasiadas. La relación entre ella y Aston - su ex pareja - sufría un colapso total, el rumor señala que Aston y una tal Brina Serri frecuentaban el bello Motel Morrison ocasionalmente, también se dice que Magna estaba más que a oído fresco de la tensa situación, probablemente siendo solo ella la herida o muerta de esta guerra rosa.
Esperó hasta que el presente sea Jueves y con el teléfono en el tímpano marcó los dígitos de Ilia, tan rápido como si el teléfono de un amigo, o pareja fuera. Pero esta vez el ausente fue Ilia. La timidez que afloraba en sus mejillas tiznadas de un rojo algodonado no le permitió en la primer llamada dejar un recado. Acomodó con paciencia en la punta de su lengua las palabras que por el momento solo la maquina contestadora habría de oír (Ilia, ¿qué tal?. Soy Magna. Llama a casa en cuanto el vértigo te de un respiro. Hasta luego. Saludos y besos voladores!.). Pulsó los números correctos nuevamente con la rapidez que antes asombraría a ustedes, y en la espera del ¡¡beeep!! que le permita grabar su voz iba repitiendo el mensaje, una y una y una y otra vez.
- Hola; ¿Hablo con...?. - Preguntó Ilia hilvanando un tono por demás de apresurado.
- Como. No. Ah. ¿Ilia?.
- ¿Magna?.
- ¡Claro!, intento ser yo, aunque a veces no lo consiga.
- Hoy lo has conseguido. Hace unas horas en tu contestadora dejé un mensaje. ¿Estabas ocupada?.
- Demasiado.
- Bueno... ¿te veo mañana?.
- A raíz de eso marqué tu numero de teléfono. ¡Claro que me ves!, hace ya un buen rato que nuestras miradas no se cruzan.
- Sueles tener razón.
- Decime vos, mañana 10/8, 22 hs en mi casa, ¿te parece bien?.
- De película.
- Ah de eso me encargo yo, también del helado y la comida, solo tienes que...
- Magna...
- Ilia...
- Te veo mañana.
- Espero verte, te dejo un beso en la mejilla.
- Otro, pero en los labios.
Ambos reían sordamente, o mejor dicho sonreían mientras los aludes de sensaciones arrasaban montaña abajo con todo tipo de idea o pensamiento. Ansias, sospechas improbables e incomprobables, pudor, exaltación y ansias nuevamente.
El día no decía lo suficiente, en la abundancia de grises los brillos morían y todo en derredor se colmaba, embadurnado de cielo húmedo, de opacidad. Buenos Aires era un mundo devastado, atiborrado de caras duras o enmascaradas de sombra. Era así. Dueño y dolor de muchos, el frío erguía su puño de acero, dejándolo caer, ungiendo con su aire tempestuoso, las palabras irrisorias y vanas, o frágiles y tenues que nunca embisten nada o nadie. Un viernes más.
Durante las horas en que el Sol enrojecía las pieles faciales de los humanos, Magna dispuso a hacer lo necesario para la deseada noche de dos. Comida. Película. Y decidió agregar un dulce, no había helado.
Ilia ,ese viernes singular, amaneció sin ojos. Pudo como muchos enfurecer y destruir el poco de su habitación, pero por ese entonces la noticia era ya sumamente sabida, "el mal de los ojos de humo" azotaba la ciudad durante los meses de Julio y Agosto todos los años impares, dejando una huella gruesa y triste de nuevos ciegos asustadizos. Con cuantiosa calma y aplomo dejó la horizontal posición que llevaba por horas, no intentó tocarse los ojos, pensó que eso lo haría sentirse peor. Se ubicó sentado en el borde derecho de su rígida cama e intentó decir algo en voz baja, y que por ser el primer sonido emitido por sus cuerdas vocales en el día nadie pudo dilucidar a que hacía referencia. A solo metros de su ventana totalmente ennegrecida de sombra silbaban sus cantos enloquecidos los seres gigantes y de consistente esqueleto que nos digieren y nos defecan en destino. Las notas en cataratas invadían los sucios rizos de su cabeza. Estiró la mano y entre tanteos esquivos a la madera de su mesa de luz pudo acariciar la perilla del cajón. Lenta pero inconstantemente lo abrió, la tomó por el lomo, acomodó el 38 suavemente en su cien, al montar el arma el crujido del martillo tomando distancia para el golpe le recorrió en cuerpo entero haciendo resonar sus huesos y caer una gota pura desde su glándula lagrimal, disparó.
Magna y su hermana Rea esa noche hicieron chasquear unos humeantes nachos con salsas suaves y dulces. La alarma de los afectados sonó exactamente a las 17:15 pm ese viernes.
El sábado, ni Rea ni Magna amanecieron con dolor de estómago, solo que a Rea le faltaban ambos ojos.
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